GP de China: Dilemas de velocidad

Valtteri Bottas - Williams FW35

Al finalizar los 305 km reglamentarios, el mundo veía una nueva victoria de Fernando Alonso. El de Ferrari se impuso en una prueba marcada por las gomas y una extraña sensación de echar de menos algo. En los últimos años, la F1 ha tratado de ser la categoría perfecta, dónde todo sale a la primera. Esa perfección, el pasado domingo, estuvo muy lejos del Circuito de Shanghai.

Muchas veces se ha hablado de estilos de conducción y, sobre todo, de dejar huella en pista. Todo el mundo se llena ahora la boca de “Senna hizo esto, Senna hizo lo otro“. En el fondo, Senna fue un pionero en el ritmo de clasificación en carrera. Que después lo adaptara Michael Schumcher a sus necesidades es otra cosa. Pero, lo mejor de todo, es que el pasado domingo se vivió algo de otra época. 

Pocas veces, en mi trayectoria como aficionado a la F1, había visto semejante demostración de no-intenciones. Una clasificación en la que absolutamente nadie tenía ganas de rodar. Ni Vettel, quien ama las poles más que a su misma madre. Unos diez primeros minutos de risa en los que sólo marcaban tiempo las moléculas de aire. Pero, eso sólo hacía que acrecentar el miedo a lo que pasara el domingo. Algo de lo que nos llenamos la boca y que pocos discernieron a lo largo de la prueba.

Lo de llenarse la boca, me refiero cuando llueve: “Pues se corre a menos velocidad y se soluciona el problema“. Algo que se llevó a la práctica, pero en condiciones de seco. Todo por no cargarse unas gomas que ya han dado más de un problema desde que se estrenaran al 100% en los tests de pretemporada. No sólo vimos un graining despiadado, si no que ahora han transformado a los monoplazas en auténticos devoradores de neumáticos. Peor que el de Crónicas Carnivoras. 

Toro Rosso STR8

Al empezar la carrera, no se notó, pero conforme pasaban las vueltas y las cámaras onboard, se daba uno cuenta. ¿Hamilton conduciendo de forma redonda? ¿Alonso con suavidad? ¿Pérez más comedido? Uno no daba crédito a lo que veía. No había nadie que no mimara unas gomas que ya tenían un pie y medio en el tanque de las pirañas llamadas Mercedes, Ferrari, Renault y Cosworth. ¡Vaya festín!

¿Y qué pruebas tengo, a parte de las imágenes? Pues los tiempos. Caterham estaba a ¡1 segundo! de los de delante en cronos. Las vueltas rápidas eran cada vez más estables. No se rebajaban los cronos con demasiado brío. Pero nadie se daba cuenta. Eso significa que las carreras se han ralentizado, y que quizá, los adelantamientos no sean los ideales.Por ejemplo, la gente habla que Alonso hizo un carrerón. Bueno, así como Vettel lo hizo en Abu Dhabi. Pero claro, dejarse pasar es malo… oh, wait. ¡A Alonso le dejaron pasar en más de una ocasión! ¡Y justamente Sebastian Vettel! Todo para que a Alonso le lluevan las flores y los besos.

Unas flores y besos que no entienden la autopsia de una carrera que fue descuartizada por los neumáticos. Buscamos un término intermedio. No se aclaran en Pirelli. El ritmo biológico lleva cambiando radicalmente en los últimos años. Dolores de cabeza, enfermedades en los tiempos. Todo debido a un dilema. Ni muy duros ni muy blandos. Una perfección utópica.


Deja un comentario

Connect with Facebook